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Por:
Luis Guillermo Vélez T.
Senador
de la República. www.larepubica.com
Martes 03/06/2003 Bogotá Colombia
| Los apremios del presupuesto público y sus déficit estructurales son ya tan crónicos y conocidos que cada ministro de Hacienda considera salvada su gestión por el hecho de financiar su período o a lo sumo un año más. La financiación naturalmente es con cargo al crédito tanto interno como externo que se contrata al son del hueco fiscal de cada momento. Recurrir al crédito en proporciones desmesuradas se ha convertido en una actividad compulsiva de los ministerios del ramo. En una financiación al detal. Anteriormente se tenía este recurso como extraordinario y se dedicaba única y exclusivamente a la construcción de las grandes obras de infraestructura y eventualmente a inversiones sociales de singular urgencia. Más tarde la manga se fue haciendo ancha y el crédito sirvió para sustentar gastos de funcionamiento del Estado. Una vez montados en el tobogán del endeudamiento, el crédito nuevo sirvió para pagar obligaciones vencidas y entonces nos trepamos en esa gigantesca rueda de Chicago que se llama el "roll over", es decir, prestar para pagar y lo que es más grave aún, prestar más para pagar solamente intereses. La bola de nieve de que tanto hemos hablado en comentarios anteriores. |
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| La
situación no solamente es grave en el campo del crédito externo,
sino también en el del crédito interno que ha crecido en
forma más desproporcionada que los pasivos exteriores y para el
cual se ha montado un mecanismo que empezó por ser bastante ágil
y si se quiere eficaz, pero ha terminado por tener efectos perversos, vale
decir perjudiciales en vez de favorables y es el conocido mecanismo de
los Títulos de deuda pública, también denominado mercado
de los TES que ya representan compromisos de deuda a cargo del Estado por
la monumental suma de 48 billones de pesos.
Lo
malo del mecanismo no es ni siquiera su abultado volumen, sino que detrás
de él está la sustentación del Banco de la República.
Esta circunstancia que dentro de niveles más proporcionados sería
una cualidad, hoy puede ser una gran distorsión, porque en el fondo
lo que acontece es que el Banco de la República en vez de
estar financiando al Estado por la vía directa de la emisión,
lo está financiando por los caminos indirectos de la sustentación
de la deuda pública. En agosto del año pasado se
hizo patente esta desviación: el banco central salió a comprar
títulos en una operación de bomberos cuando súbitamente
se prendió el mercado bursátil.
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| No
hay duda que uno de los mecanismos más aptos que tiene la banca
central para ejercer su función de bombeo de liquidez a la economía
se ejerce a través de la compra venta de títulos de deuda
pública. Es, pues, el medio para expandir o contraer el circulante,
pero cuando adquiere características como las que está viviendo
Colombia, deja de ser un simple medio para convertirse en un fin, o sea
en operaciones que tienen por objeto primordial financiar al Estado en
sus deficientes presupuestos.
A la luz del gigantismo que se ha venido creando con la deuda interna y su hermano carnal el mercado de los TES es importante que se analice hasta dónde puede continuar creciendo este canal crediticio y cuál puede ser el límite que se le ponga con el objeto de que no se convierta en un sistema completamente acaparador de liquidez, con la grave consecuencia de que desplace definitivamente al sector productivo y a final de cuentas toda la plata quede en el circuito del Estado con grave detrimento del sector real de la economía en manos de los particulares. |