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Es bien sabido que para que un
país crezca debe contar con una base de inversionistas que encuentren
condiciones adecuadas para su actuación, en cuanto a alternativas
de inversión, rentabilidad y cobertura de riesgo. Tal cosa
se obtiene disponiendo de un marco macroeconómico e institucional
estable y predecible, de un mercado con potencial de crecimiento, de información
oportuna, suficiente y de calidad, y de mecanismos de protección
de los derechos de los inversionistas.
Los
empresarios, además, requieren disponer de opciones de obtención
de recursos financieros que les permitan estructurar adecuadamente sus
proyectos, a diferentes plazos y a costos razonables. Debe ser posible
que obtengan financiación en la porción desintermediada del
mercado de capitales, en el cual podrán encontrar bases estables
de inversionistas y precios justos por sus compañías, además
de financiación de largo plazo y si es del caso, de riesgo, condiciones
que no se pueden obtener en el mercado bancario. Lo anterior, en tanto
se requiere que las empresas cuenten con alternativas de financiamiento
que compitan con el crédito bancario, lo que redundará, gracias
a la competencia, en una banca más eficiente y más segura,
y finalmente, en la reducción general del costo de financiamiento
para las empresas y en una mayor competitividad internacional de los productos
colombianos.
La
estrategia de desarrollo del mercado se debe basar en asegurar la confianza
del público en el mismo. Es de común aceptación
que una baja confianza en el mercado, originada en el bajo desarrollo de
la protección a los inversionistas, acompaña el escaso desarrollo
de los mercados emergentes. La participación activa de los
inversionistas se garantiza en tanto exista confianza suficiente sobre
la transparencia de las empresas en las que van a invertir sus recursos,
sobre la calidad de la información que dichas empresas proporcionan
al público, sobre la justicia con la que serán tratados sus
intereses legítimos por parte de quienes las controlan, sobre la
integridad del mercado y sobre la eficiencia en los mecanismos de formación
de precios y de compensación y liquidación de operaciones.
Desde
el punto de vista de los emisores, la mayor confianza publica en el mercado
de valores permite obtener la reducción del costo del capital, a
la vez que hace posible disponer de instrumentos de cobertura de riesgo,
y sobre todo, amplía la disponibilidad y el acceso a recursos de
financiación. Si esto está acompañado de mercados
organizados y eficientes, se podrá cumplir con uno de los objetivos
del desarrollo del mercado, dirigido a la disminución de los costos
de transacción, y por ende, a fortalecer la formación de
capital de la economía y a la creación de nuevos empleos.
De
otro lado, los avances tecnológicos en informática y comunicaciones
que han facilitado la globalización de la inversión financiera,
han también borrado las fronteras de los flujos de capital entre
regiones y países, han facilitado la participación de numerosos
inversionistas en diferentes mercados y han transformado los sistemas de
negociación. Estas transformaciones han requerido de cambios
radicales en la organización y regulación de los mercados,
lo cual se ha expresado en una ola de ajustes en las instituciones y organizaciones
del mercado en el mundo entero, la cual ha sido particularmente notoria
en la última década.
Las
bolsas, en particular, se han enfrentado en los últimos años
a una fuerte competencia de los sistemas de negociación electrónicos,
lo que ha traído como consecuencia una tendencia hacia la integración
de los negocios bursátiles. Esto se ha manifestado en procesos
de fusión, interconexión o alianzas estratégicas,
al nivel de países y de regiones. En el primer caso, este
proceso se dio, entre otros, para las bolsas españolas, lo mismo
que las de Australia (mercado ASX) y las del Brasil (excepto BOVESPA que
sigue funcionando como una bolsa independiente). En el segundo caso
están las bolsas de los países del norte de Europa, Estocolmo,
Copenhague, Oslo y Reyjkjavik que conformaron el mercado NOREX, y las bolsas
de la zona del euro, París, Amsterdam y Bruselas, que se fusionaron
en EURONEXT. Hasta se han llegado a promover alianzas transcontinentales
como el proyecto para fusionar las bolsas de Londres y Francfort, firmar
un pre-acuerdo con las bolsas de Madrid y Milán y realizar una alianza
con NASDAQ, con lo que no sólo unificarían el mercado europeo
sino que se constituirían en el segundo mercado bursátil
en tamaño en el mundo después de la Bolsa de Nueva York (que
a propósito, recientemente manifestó su interés en
comprar a AMEX).
Paralelo
a lo anterior, dentro de las tendencias se cuenta la propensión
hacia la desmutualización de las bolsas. A la luz de estos movimientos,
se ha llevado a plantear una nueva relación entre regulación
y autorregulación, aun de las bolsas más tradicionales como
la de Londres.
La
desmutualización de las bolsas tiene dos implicaciones: De una parte,
las bolsas tienden a organizarse como sociedades abiertas y aun llegan
a cotizar en el mercado público, y de otra se permite el acceso
a sus plataformas de negociación a otros agentes que no tengan el
carácter de socios o miembros de las bolsas. En Colombia, la ley
510 de 1999 de Reforma Financiera avanzó parcialmente en este sentido.
Al
mismo tiempo se discute sobre la pertinencia de la autorregulación
y su muy importante función relacionada con la disciplina del mercado.
La pregunta es, de un lado si el cumplimiento de códigos de ética
obliga por igual a quienes no son miembros de la bolsa que a quienes sí
lo son, y de otro, cómo se podrían aplicar los mismos principios
de disciplina y sanción por parte de una cámara desmutualizada
a accionistas que tienen diferentes proporciones de participación
en el capital de la bolsa. Esto sin contar con que quienes son accionistas
sin ser miembros estarían interesados más que en el desarrollo
y la organización del mercado, en sus dividendos.
Así,
existen muchas razones por las cuales es necesario desarrollar el mercado
de valores. Esto permitirá reducir la vulnerabilidad del sector
financiero en momentos de crisis, a la vez que lograr un equilibrio entre
los dos segmentos del mercado de capitales, el intermediado y el desintermediado,
situación que es deseable tal como lo advirtió la Misión
del Mercado de Capitales (Misión, 1996).
En
este sentido, disponer de un marco institucional adecuado que promueva
la organización y disciplina del mercado público de valores
resulta definitiva para su desarrollo, por la confianza que se genera,
que es indispensable para atraer - y mantener - a los inversionistas en
el mismo.
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