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Mercados 
emergentes, 
economías 
sumergidas
FUENTE AMERICAECONOMIA INTERNACIONAL
  Por Guillermo Pisani
Viernes, 27 de Julio de 2001

La ralentización de la economía de EEUU y la recesión japonesa, además de los efectos negativos de las crisis de Argentina y Turquía, pintan un panorama poco brillante para los mercados emergentes en el segundo semestre del año. En Latinoamérica el escenario es incierto, debido sobre todo a que la crisis argentina todavía no se ha resuelto. El miedo de los inversores a una eventual suspensión de pagos (default) del país austral hizo subir su prima de riesgo más de 600 puntos básicos en poco tiempo, deterioro que se contagió hasta cierto punto en la región, especialmente a aquellos países con deudas más grandes (como % de PIB) y con menor capacidad de afrontar vencimientos si hay un corte en los préstamos internacionales. 

Brasil, Venezuela y México, países cuyo spread subió más durante la crisis, recibirían la peor parte en caso de que el default tenga efectos duraderos en el aumento de la prima de riesgo, ya que deberían recurrir a un financiamiento caro. Chile, con una deuda del 60,5% del PIB, estaría a salvo por su capacidad de afrontar vencimientos con reservas propias. Más allá de los avatares argentinos, la caída de la demanda de EEUU (y de Asia para el caso de Chile) y la restricción de la financiación externa seguirán teniendo durante la segunda parte del año un efecto general de contracción económica en la región, que en promedio se espera que cierre el año 2001 con un crecimiento alrededor de un punto menor al de 2000. Además de la lenta reactivación argentina (se espera que crecerá sólo un 1% en 2001), los problemas energéticos y políticos de Brasil auguran un mal desempeño en el segundo semestre, con un crecimiento anual entre 4% y 1,9% en las previsiones más pesimistas, tirando abajo el promedio de la región. Las condiciones que fomentan crisis financieras recurrentes no dan indicios de cambiar en lo que queda del año. La transferencia neta de recursos seguirá siendo negativa para la región (con Argentina liderando la fuga de capitales) y, pese a los esfuerzos de ajuste, se prevé que persista un fuerte déficit fiscal. sudeste asiático. Las economías del sudeste asiático, por su parte, cerrarán el año con tasas de crecimiento más bajas a las previstas en el primer semestre, que estarán entre el dos y el 4%. . 

La contracción de la demanda internacional, especialmente de bienes electrónicos, que componen la mayor parte de las exportaciones de la región, seguirá tirando hacia atrás a las economías y creará problemas en las balanzas de pago.

La contracción de Japón (en los dos primeros trimestres su PIB se ha achicado y todo parece indicar que el país se encamina a la recesión) hace pronosticar a los más pesimistas que en la región podría producirse en el segundo semestre una crisis financiera como la de 1997/98. Sin embargo, la mayoría de los observadores desestima este pronóstico basándose en el hecho de que el sistema financiero de la región es en la actualidad más fuerte que en 1997.

Luego de varios años con superávit por cuenta corriente, hay más reservas internacionales (ascendieron 40 billones de pesetas desde la crisis), que no son capitales volátiles como lo eran cuatro años atrás. demanda interna. Por otra parte, pese al sentimiento general de abatimiento, muchas de estas economías están todavía creciendo a un ritmo superior al de EEUU. El rendimiento de la región dependerá de la recuperación de la demanda internacional y del margen que tengan los gobiernos para conducir la política económica. 

En un contexto en que la inversión internacional directa y las exportaciones se debilitan, es lógico esperar un descenso en el superávit por cuenta corriente. Los responsables de la economía de la región son conscientes de que tienen posibilidades de reforzar la demanda interna para evitar problemas en la balanza de pagos, mantener el crecimiento y atraer inversiones internacionales. Pero los gobiernos tendrán que tener un papel activo, que los problemas políticos vuelven un interrogante. En Indonesia la atención política ha estado en el reemplazo de Abdurrahman Wahid por Megawati Sukarnoputri, y el país evitará por poco la recesión en el segundo semestre. Malasia es otro país problemático. El contexto presiona sobre su moneda, que podría devaluarse cerca de un 10% para contener las imporaciones, pese a los anuncios gubernamentales. El Gobierno filipino no ha revertido aún los malos efectos económicos que causó su antecesor y enfrenta una creciente oposición popular. Finalmente, Tailandia espera todavía saber qué pasará con su presidente, en un momento en que se reclaman políticas económicas anticíclicas. En suma, excluyendo hasta cierto punto a Europa del Este, el segundo semestre será en gran medida, para los mercados emergentes, un compás de espera hasta la llegada de un nuevo ciclo de crecimiento mundial.